Bien y a la Primera
Omar Espinosa
La radio se mantiene firme; como ese amigo viejo que se niega a abandonar el bar de la esquina, donde se reúne con jóvenes indiscretos e inexpertos, pero que tienen el control de todo lo que sucede en su entorno.
Han pasado 5 años desde que los ciudadanos de este planeta nos enfrentamos a una pandemia en la que el miedo y la mentira se filtraron por cada rendija digital y donde claro, la radio fue de inicio, un refugio para quienes buscaban algo más que rumores sin rostro.
Pero, ¿es suficiente esa lealtad que aún pocos profesamos a la radio? ¿O estamos idealizando un medio que, aunque noble, tambalea precariamente al borde de la irrelevancia?
Y es que la pandemia de COVID-19 no solo trajo tapabocas y cuarentenas; también desató una avalancha de Fake News que convirtió a las plataformas como YouTube, Facebook y hasta WhatsApp en campos minados, mientras que X (antes Twitter) fue el escenario para desatar cualquier cantidad de opiniones sin filtro. Todo un laboratorio para la desinformación.
En tanto, las redes sociales emergentes como TikTok e Instagram dominaban la escena con contenidos breves, carismáticos, visualmente impactantes, alejándose del rigor periodístico y promoviendo la viralidad sobre la veracidad.
Y como para no variar, la radio con más de un siglo de historia mantuvo su rumbo sin la necesidad de cables de fibra óptica ni algoritmos caprichosos; bastaba un micrófono, algunos fierros y las voces de confianza para dar certezas, antes que cualquier verdad prometida por los algoritmos.
En Centroamérica y el sureste mexicano donde la geografía es un rompecabezas de montañas y selvas, la radio sigue siendo el único medio que llega donde el internet titubea. Es una compañera fiel que no exige dejar de trabajar.
Pero no nos engañemos, su amplio alcance no la hace inmune a la desconfianza que las audiencias tenemos sobre lo que vemos, leemos, escuchamos y que claro, está devorando a todos los medios convencionales (Televisión, Radio y Prensa Escrita).
La radio, con toda su nobleza, no está exenta de la crisis de credibilidad que golpea al periodismo.
El problema no es solo que las redes sociales sean caldo de cultivo para la mentira, sino que la gente, harta de los sesgos de los grandes medios, ha decidido confiar más en cadenas de WhatsApp, que en los noticiarios.
Durante la pandemia, emisoras radiales de todo el mundo actuaron con rapidez, difundiendo mensajes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), creando programas educativos para niños atrapados en casa y recordando con paciencia casi maternal, que “tapabocas y jabón seguían siendo nuestros mejores aliados”.
No obstante, las audiencias de hoy, son seducidas por la inmediatez y prefieren lo viral sobre lo verificado.
En México, la radio ha vivido un declive marcado; en 2020 solo 3.5 de cada 10 mexicanos escuchaban radio, lo que equivale a 41 millones de personas, cifra que contrasta con los casi 76 millones que no la sintonizan. La caída ha sido constante con una pérdida de 3 millones de oyentes en 2024, evidenciando la transición hacia plataformas digitales y el auge de formatos más flexibles.
Incluso en zonas rurales, donde tradicionalmente la radio tenía fuerte presencia, la audiencia ha disminuido, reflejando un cambio profundo en el consumo mediático en América Latina, donde la radio lucha por mantenerse relevante frente a TikTok, Instagram y otras redes sociales dominantes.
No basta con encender ese aparato receptor de ondas hertzianas (que más bien parece un mueble vintage en casa), girar el dial y esperar milagros; la radio debe evolucionar, abrazar podcast y otros formatos digitales, sin perder esa voz humana que la hace única.
Sigamos Haciendo Radio. ¡Llámalo Podcast!
Spotify: Bien y a la Primera de Omar Espinosa
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