Bien y a la Primera
Omar Espinosa
La preservación cultural en América Latina no es un asunto de museos estáticos, sino de micrófonos encendidos y ondas invisibles. En este contexto, la radio comunitaria se convierte en el motor de desarrollo, la cohesión social y la preservación cultural de las comunidades, que representan el pluralismo del continente.
Un material reciente, el libro "Lo ancestral funciona", editado y prologado por el argentino Ernesto Lamas (profesor e investigador asociado al Observatorio Latinoamericano de Regulación de Medios), subraya como verdad ineludible que la comunicación, donde "lo ancestral se entrelaza con el territorio", es fundamental para la supervivencia y mejora comunicacional de estas comunidades.
Este texto coral, que reúne las reflexiones de 52 autores de América Latina, Canadá y Europa, busca recuperar el poder transformador de la palabra, la participación y la diversidad.
Desde los barrios populares de Barranquilla hasta las selvas peruanas, miles de comunicadores cuentan historias que los medios hegemónicos ignoran y que por tanto, hacen de la radio una “memoria viva, territorio, cultura y resistencia”.
La importancia de estas emisoras ha llevado a esfuerzos regulatorios, como las mesas de diálogo en México para construir lineamientos que faciliten las concesiones de radios sociales, comunitarias, indígenas y afromexicanas, buscando una normativa que simplifique procesos y democratice el acceso al espectro.
Sin embargo, el camino de estas radios es arduo, pues bien sabemos que enfrentan recortes drásticos en la cooperación internacional, el auge del autoritarismo que coarta su libertad de expresión y la carga pesada de exigencias regulatorias.
Frente a esta coyuntura, el ecosistema digital ofrece un desafío y una gran oportunidad con la llamada “apropiación cultural” de las nuevas tecnologías.
Si la radio tradicional, transmitida por el espectro puede verse como un gran río establecido, la radio por Internet, el podcast y el vodcast, serían entonces la vasta red de canales de riego que permiten que los mensajes lleguen a cada rincón del país; de tal forma que las radios comunitarias están apropiándose activamente de estos formatos, migrando a entornos digitales y medios nativos para sobrevivir y ampliar sus audiencias.
Este proceso es vital, pues aunque aún existe una brecha digital en sus audiencias, el uso de las redes sociales y plataformas de streaming les permite acceder a más públicos jóvenes y mantener su credibilidad.
Pero esta migración tiene un costo, pues aventurarse con video (vodcast) y requerir una conexión a Internet dedicada, puede representar una carga económica significativa, a veces de hasta 400 dólares mensuales y pues, la sostenibilidad económica, junto con la dimensión política, comunicacional y organizacional, son los cuatro pilares que definen si un medio comunitario subsiste o no.
Ergo, el poder de una concesión en estas comunidades se convierte en un motor de desarrollo, mientras que, el uso estratégico de formatos digitales como el podcast sonoro, es la clave para que sus historias (su cultura, su idioma y su resistencia), sigan floreciendo, asegurando que la voz ancestral no solo funcione, sino que resuene globalmente.
Sigamos Haciendo Radio. ¡Llámalo Podcast!
Spotify: Sonidos Perdidos de la Radio
