Bien y a la Primera
Omar Espinosa
La mayoría de los individuos navega la vida profesional y social siguiendo paradigmas preestablecidos, sacrificando la expresión libre por la necesidad de encajar.
Esta tendencia psicológica a manipular la vida emocional por un "resultado planeado" los lleva a actuar según el concepto esperado, en lugar de honrar el impulso real de sus valores y pensamientos razonables (que no lógicos). Buscan crecer, sí, pero lo hacen coartando la plenitud de su personalidad.
Frente a esta marea de conformidad, la persona irreverente se muestra como un individuo raro, complicado, incomprendido, alterado, alejado, irrespetuoso, que cae mal, pero que nadie le puede negar estar lleno de autenticidad.
Y esa es la capacidad que quizá más perturbe a las personas (llamémosle solo hoy) “convencionales”.
Ser irreverente significa pararse en el terreno propio, permitiendo que los sentimientos e impulsos reales fluyan libremente sin sucumbir a lo conceptual y siempre alentando (tanto como defendiendo) la expresión de lo que se siente para hacer el trabajo y actividades personales en las cual uno cree, sean populares o no en cualquier medio.
El individuo que funciona desde la realidad se “expone”.
Pero, ¿cómo ser genuinamente irreverente sin fracasar en los intereses profesionales? La respuesta reside en fusionar la autenticidad con habilidades comunicacionales magistrales.
La irreverencia triunfa cuando se alinea con la credibilidad, aliada indispensable de la confianza para exponer esa realidad momento a momento, donde se requiere del uso intencional de la comunicación no verbal como la postura corporal, el contacto visual y evidentemente la voz; herramientas que en conjunto transmiten estados y actitudes personales.
Es vital comunicar las ideas con confianza y claridad, siendo asertivo respecto a la propia posición pero siempre manteniendo el respeto por los demás, aunque la expresión libre sea interpretada como una ofensa y en ese caso, nada que hacer más que aceptar la aversión y alejarse de inmediato de ese entorno para evitar ser presa del rechazo, el bloqueo y hasta la envidia.
Cuando la realidad se presenta con estas herramientas, la comunicación asertiva y la libre expresión para “ser uno mismo” se elevan a la clase más alta del arte humano, entendido éste como una forma de expresión que comunica ideas, sentimientos y valores que sirven para documentar la historia y la cultura; que promueve el desarrollo cognitivo y creativo, fomenta la reflexión sobre la realidad y ayuda a cohesionar comunidades.
Ser irreverente y conectar con audiencias, es el camino hacia un crecimiento completo, único y sobre todo pleno en libertad (insisto).
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